La Educación Correcta para el Siglo XXI
Por el Prof. P. Krishna
Ex-Rector del Centro de Educación de Rajghat, Fundación Krishnamurti de la India, Varanasi 221001, India.
(Basada en un platica que ofreció ante el XXII Congreso Internacional Montessori que se realizó en la Universidad de Uppasala, Suecia, del 22 al 27 de julio de 1997.)
La humanidad está atrapada en un gran ilusión. Piensa que puede resolver sus problemas a través de la legislación, de reformas políticas y sociales, a través del progreso científico y tecnológico, a través de más conocimiento, más riqueza, más poder y más control. Tal vez pueda resolver algunos problemas con todo esto, pero todos esos son curas triviales y temporales. Con estos métodos nosotros iremos creando nuevos problemas por un lado, por el otro trataremos de resolverlos para mantener la ilusión de progreso. El famoso humorista Ogden Nash escribió, “¡El progreso fue alguna vez lo correcto, pero continuó muy largo!” Necesitamos considerar muy seriamente esta observación. Si nosotros los seres humanos no hacemos una transformación interna, pronto pasaremos a la lista de aquellas criaturas que vivieron un millón de años más o menos, y entonces seremos seres extintos porque no se pudieron adaptarse. No es cierto aún que la evolución del mono al hombre fue un paso en la dirección de la supervivencia. Sólo el tiempo nos lo dirá. La supervivencia requiere no la inteligencia del “progreso” sino la habilidad de cooperar y amarse unos a otros para vivir en armonía con la naturaleza. La hormiga ha sobrevivido más tiempo que el hombre. Lo que necesitamos ahora no es más habilidades y eficiencia, sino mayor cohesión, mayor compasión, mayor capacidad de compartir y trabajar juntos.
La educación del siglo XXI debe por lo tanto, encargarse no del “mayor progreso” sino de una transformación interior de la conciencia del ser humano. No es que no haya sido ya señalado esto con anterioridad. Buda, Sócrates, Cristo e innumerables sabios de todas las culturas ya lo han señalado desde hace mucho tiempo. Hasta hoy hemos ignorado lo que han dicho pero hemos podido sobrevivir. No podemos darnos ya ese lujo, porque inexorablemente nos estamos encaminando a un holocausto nuclear en el que la supervivencia no valdrá la pena, si es que no es imposible. Por todo esto la cuestión ha adquirido una urgencia para la humanidad que antes no pudo haber considerado.
Al presentar la visión de una correcta educación para el siglo XXI he tomado en cuenta considerablemente la vida y el trabajo de Madam Montessori (1) y de J. Krishnamurti (2), ambos pusieron énfasis en la necesidad de educar a todos los seres humanos y no únicamente su intelecto. Fuera de esta visión, Madam Montessori desarrolló ciertos métodos y técnicas para el uso en niños pequeños porque ella misma realizó la tarea. Las técnicas y materiales que desarrolló tienen sólo significado cuando el maestro comparte su visión de la vida; ¡de otra forma el maestro puede utilizarlos para inculcar un sentido de competencia y logro entre los niños! Una escuela no es una escuela Montessori sólo porque adopta el uso de esas técnicas y materiales. La técnica no crean la visión; es la visión la que crea la técnica. Es importante encontrar esa visión de la vida y vivir realmente la vida en consonancia con ello. A menos de que la educación ayude al estudiante, el no hacerlo tendría un significado muy pequeño. Significa que debemos ser estudiantes toda la vida, vivir con preguntas de fondo y fundamentales. Una de tales preguntas es, ¿qué significa para el ser humano vivir en armonía con el orden del cosmos?
El siglo veintiuno demanda un cambio total en nuestra actitud frente a la vida y en nuestra visión de la educación.
Por el Prof. P. Krishna
Ex-Rector del Centro de Educación de Rajghat, Fundación Krishnamurti de la India, Varanasi 221001, India.
(Basada en un platica que ofreció ante el XXII Congreso Internacional Montessori que se realizó en la Universidad de Uppasala, Suecia, del 22 al 27 de julio de 1997.)
La humanidad está atrapada en un gran ilusión. Piensa que puede resolver sus problemas a través de la legislación, de reformas políticas y sociales, a través del progreso científico y tecnológico, a través de más conocimiento, más riqueza, más poder y más control. Tal vez pueda resolver algunos problemas con todo esto, pero todos esos son curas triviales y temporales. Con estos métodos nosotros iremos creando nuevos problemas por un lado, por el otro trataremos de resolverlos para mantener la ilusión de progreso. El famoso humorista Ogden Nash escribió, “¡El progreso fue alguna vez lo correcto, pero continuó muy largo!” Necesitamos considerar muy seriamente esta observación. Si nosotros los seres humanos no hacemos una transformación interna, pronto pasaremos a la lista de aquellas criaturas que vivieron un millón de años más o menos, y entonces seremos seres extintos porque no se pudieron adaptarse. No es cierto aún que la evolución del mono al hombre fue un paso en la dirección de la supervivencia. Sólo el tiempo nos lo dirá. La supervivencia requiere no la inteligencia del “progreso” sino la habilidad de cooperar y amarse unos a otros para vivir en armonía con la naturaleza. La hormiga ha sobrevivido más tiempo que el hombre. Lo que necesitamos ahora no es más habilidades y eficiencia, sino mayor cohesión, mayor compasión, mayor capacidad de compartir y trabajar juntos.
La educación del siglo XXI debe por lo tanto, encargarse no del “mayor progreso” sino de una transformación interior de la conciencia del ser humano. No es que no haya sido ya señalado esto con anterioridad. Buda, Sócrates, Cristo e innumerables sabios de todas las culturas ya lo han señalado desde hace mucho tiempo. Hasta hoy hemos ignorado lo que han dicho pero hemos podido sobrevivir. No podemos darnos ya ese lujo, porque inexorablemente nos estamos encaminando a un holocausto nuclear en el que la supervivencia no valdrá la pena, si es que no es imposible. Por todo esto la cuestión ha adquirido una urgencia para la humanidad que antes no pudo haber considerado.
Al presentar la visión de una correcta educación para el siglo XXI he tomado en cuenta considerablemente la vida y el trabajo de Madam Montessori (1) y de J. Krishnamurti (2), ambos pusieron énfasis en la necesidad de educar a todos los seres humanos y no únicamente su intelecto. Fuera de esta visión, Madam Montessori desarrolló ciertos métodos y técnicas para el uso en niños pequeños porque ella misma realizó la tarea. Las técnicas y materiales que desarrolló tienen sólo significado cuando el maestro comparte su visión de la vida; ¡de otra forma el maestro puede utilizarlos para inculcar un sentido de competencia y logro entre los niños! Una escuela no es una escuela Montessori sólo porque adopta el uso de esas técnicas y materiales. La técnica no crean la visión; es la visión la que crea la técnica. Es importante encontrar esa visión de la vida y vivir realmente la vida en consonancia con ello. A menos de que la educación ayude al estudiante, el no hacerlo tendría un significado muy pequeño. Significa que debemos ser estudiantes toda la vida, vivir con preguntas de fondo y fundamentales. Una de tales preguntas es, ¿qué significa para el ser humano vivir en armonía con el orden del cosmos?
El siglo veintiuno demanda un cambio total en nuestra actitud frente a la vida y en nuestra visión de la educación.
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